POLITICA ARGENTINA: 'COMPAÑEROS' EN FUGA

Lapicera sin Urnas: por qué la disputa por el sello del PJ decidirá la candidatura peronista antes que cualquier elección

La puja por la conducción del Partido Justicialista dejó de ser una cuestión de organigrama, para convertirse en el mecanismo efectivo de selección del candidato presidencial peronista.

Lunes, 03 de Agosto de 2026
Cristina Kirchner, Axel Kicillof, Peronismo, Partido Justicialista, Interna justicialista


La puja por la conducción del Partido Justicialista dejó de ser una cuestión de organigrama, para convertirse en el mecanismo efectivo de selección del candidato presidencial peronista. La razón es institucional: si el Congreso suprime las primarias abiertas, la definición quedaría en manos de la conducción partidaria, de modo que quien controle el sello podría imponer un nombre sin someterlo a validación en urnas internas. Sobre esa premisa, Máximo Kirchner aceleró los movimientos para delinear la sucesión de Cristina Fernández de Kirchner al frente del partido y complicó, en el mismo acto, el armado de Axel Kicillof
 

La premisa institucional

La eventual eliminación de las primarias introduce un cambio de naturaleza y no de grado. Con primarias, el sello es un instrumento administrativo: habilita a competir, pero el electorado interno arbitra. Sin primarias, el sello se convierte en la instancia de decisión, porque la conducción partidaria queda facultada para designar la fórmula sin contraste externo. Quien maneje el aparato tendrá, en la expresión corriente, la codiciada lapicera.

Ese desplazamiento explica por qué la interna peronista sigue con atención cada movimiento en el Senado. La reforma electoral que se debate en el Congreso podría terminar definiendo, acaso de rebote, quién encabeza al peronismo en la próxima elección presidencial: un efecto colateral de una norma concebida para otros fines, y probablemente el más consecuente de todos los que la iniciativa produzca.

La disputa, en consecuencia, se libró donde tenía sentido librarla. El diputado y referente de La Cámpora busca asegurar que el sello y sus resortes internos queden bajo la órbita de su sector, jugada que condiciona de lleno las aspiraciones presidenciales del gobernador bonaerense Kicillof. El trasfondo es una interna que dejó de ser silenciosa: la decisión de la ex presidente de no respaldarlo como candidato presidencial golpeó directamente sus pretensiones de proyectarse como principal alternativa del espacio.
 

El antecedente bonaerense: una tregua con letra chica

El precedente provincial ilustra el método. En febrero de 2026, el gobernador accedió a la presidencia del Partido Justicialista bonaerense mediante un acuerdo que evitó la elección interna, sucediendo al jefe de La Cámpora y asumiendo el 15 de marzo. La lista de unidad repartió el poder: la vicegobernadora Verónica Magario en la primera vicepresidencia, el intendente de Lomas de Zamora Federico Otermín en la segunda, el intendente de Almirante Brown Mariano Cascallares en la secretaría general, y Leonardo Nardini al frente de la junta partidaria.

El punto decisivo del arreglo, sin embargo, no fue la presidencia sino el órgano deliberativo: Máximo Kirchner quedó al frente del Congreso partidario, instancia que funciona como parlamento interno y que tiene la facultad de convalidar alianzas y candidaturas. Es decir, el gobernador obtuvo el cargo ejecutivo del partido y cedió el órgano que valida las postulaciones. Quien propuso el traspaso de la conducción al gobernador —y no a un dirigente propio— ejecutó una maniobra que desarticuló el discurso adversario y generó contradicciones evidentes en el sector beneficiado.

La tregua fue explícitamente breve. En la sucesión del actual gobernador subyace la interna de mayor envergadura que enfrentará el peronismo, y ambos sectores comenzaron a disputar la candidatura provincial acto seguido, en un distrito donde el espacio conserva mejores perspectivas que en el orden nacional.
 

Las asimetrías estructurales

El cuadro deja a ambos sectores en una encrucijada de la que ninguno dispone de salida unilateral. El kirchnerismo conserva el control simbólico y buena parte de la estructura, pero carece de un candidato competitivo con imagen nacional. El gobernador dispone de proyección electoral pero no del aparato que, sin primarias, decide.

A esa asimetría se suma una limitación material que suele omitirse. Sin primarias, el peronismo no está en condiciones de organizar una interna por cuenta propia: los opositores netos al oficialismo gobiernan apenas cinco provincias, el partido se encuentra intervenido en dos distritos y ni siquiera existe un padrón actualizado. La alternativa de reemplazar la validación estatal por una interna partidaria autogestionada no es, por tanto, técnicamente viable en el plazo disponible.

El resultado es un dilema binario para el gobernador. Un candidato digitado por el Congreso partidario lo obligaría a aceptarlo —hoy ni siquiera acepta una reunión con la expresidenta, por entender que implicaría un gesto de sumisión— o a competir con otro sello, lo que lo presentaría ante su propio electorado como quien rompe la unidad. Ambas opciones son costosas, mientras que ninguna es evitable por decisión propia.


Los frentes abiertos y el diagnóstico compartido

La disputa bonaerense no agota el mapa. El Congreso Nacional del partido, reunido en mayo, exhibió el estado del debate: coincidencia en el cuestionamiento a la política económica del oficialismo, a sus desaciertos en política exterior y a la reforma electoral en trámite, junto con roces internos explícitos. Dirigentes próximos a la ex presidente pusieron en cuestión las candidaturas futuras invocando su situación judicial, con formulaciones que apuntaron sin nombrarlo al sector del gobernador.

En paralelo, se ensaya un tercer armado. El gobernador riojano Quintela convocó el 1 de agosto un acto con el que busca presentarse como artífice de una corriente proyectada hacia 2027; la delegación kirchnerista fue encabezada por Máximo Kirchner, mientras el gobernador bonaerense optó por no viajar y el excandidato presidencial Sergio Tomás Massa adujo motivos familiares. La composición de las ausencias resulta más informativa que la de las presencias: el kirchnerismo acompaña la construcción de un polo federal alternativo del que el principal aspirante bonaerense se sustrae.

La conclusión es que el peronismo no está discutiendo un proyecto, sino la propiedad de una estructura, y lo hace bajo una regla aún no sancionada. Esa doble condición —una disputa de aparato resuelta por una norma pendiente— explica por qué el espacio no logra formular una alternativa programática al oficialismo, mientras dedica su energía a determinar quién firmará las listas. El costo de esa postergación no se mide en cargos partidarios, sino en el tiempo que otros ocupan la agenda pública sin contradictor.
 

Preguntas frecuentes

¿Por qué es tan importante quién controla el PJ?

Porque si se suprimen las primarias abiertas, la definición de la candidatura presidencial pasa a la conducción partidaria. Quien controle el sello podría imponer un candidato sin someterlo a validación en urnas internas.

¿Qué ocurrió con la conducción del PJ bonaerense?

En febrero de 2026 Axel Kicillof accedió a la presidencia mediante una lista de unidad que evitó la interna, asumiendo el 15 de marzo. El punto decisivo fue que Máximo Kirchner quedó al frente del Congreso partidario, órgano facultado para convalidar alianzas y candidaturas.

¿Puede el peronismo organizar una interna propia sin PASO?

No en condiciones razonables. Gobierna apenas cinco provincias, el partido está intervenido en dos distritos y no existe un padrón actualizado, de modo que la validación autogestionada no resulta técnicamente viable en el plazo disponible.

¿Qué opciones le quedan al gobernador bonaerense?

Aceptar un candidato digitado por el Congreso partidario o competir con otro sello, lo que lo expondría como quien rompe la unidad. Ambas alternativas son costosas y ninguna depende exclusivamente de su decisión.

¿Qué significó el acto de La Rioja del 1 de agosto?

El gobernador riojano buscó presentarse como artífice de una corriente federal proyectada hacia 2027. Asistió una delegación kirchnerista encabezada por Máximo Kirchner; Kicillof no viajó y Massa adujo motivos familiares.


 

Redacción, El Ojo Digital