Oscuro panorama energético
La cuestión de la crisis energética es uno de los tantos "talones de Aquiles" que caracterizan al gobierno del Presidente Kirchner. Mientras sobresale el hecho de que el Ministerio de Planificación -comandado por Julio de Vido- ha corrido detrás de los acontecimientos energéticos, se vislumbra un horizonte de cortes de servicio de gas en hogares, restricciones y aumentos en la provisión de GNC, y finalmente, más inflación.
Miércoles, 21 de Julio de 2010
Los argentinos tratan de reprimir en algún lejano rincón de los recuerdos, aquella situación vivida en épocas de Raúl Alfonsín, cuando la crisis energética apremiaba y lo insostenible del sistema llevó a los tristemente célebres "cortes programados".
Por estos días, no sólo ha retornado el fantasma alfonsinista de la inflación, sino que también han vuelto la desidia y la inoperancia de un gobierno que todos los días apunta sus plegarias hacia el cielo, pidiéndole que el invierno "no sea tan frío".
El Ministro de Vido se encuentra haciendo malabares desesperados para evitar que la sangre llegue al río. Y en los últimos meses se ha intentado promover y destrabar obras que alimenten al abandonado sistema interconectado nacional.
Mientras el Ministro de Planificación dedicaba su valioso tiempo a poner palos en la rueda de Lavagna y a tejer oscuros manejos de fondos con Ricardo Jaime -su "cajero", en palabras de Carrió-, el fantasma del renacimiento de la crisis de energía volvía a flotar sobre el país. Ahora de Vido, sin tiempo para la pelea entre "vedettes", se encuentra haciendo movidas desesperadas para salvar a su jefe, y no caben dudas, Lavagna seguro se encuentra sonriendo socarronamente.
Pero a nadie debe escapar que el problema fue desatendido por la Administración Kirchner -en su totalidad- desde el comienzo. Al menos dos años se han desperdiciado en cuestiones de segunda instancia que acapararon exagerado espacio mediático, y la dirigencia actual -que afirma no tener nada que ver con "la vieja política"- ha demostrado idéntica impericia que sus predecesores.
Y tal reacción es tardía porque las consecuencias hace tiempo que deben vivirlas muchas industrias argentinas, que se están viendo desprovistas de gas porque sus contratos son "interrumpibles" o bien deben pagarlo al triple de su anterior valor, en el mejor de los casos.
No hay que ser muy inquisitivo o un experto para adivinar hacia dónde trasladarán esos costos las empresas. Todos los caminos conducen al aumento de los productos que ofrecen al mercado.
Y la estrategia oficial de empujar a los piqueteros oficialistas y demás elementos extremistas a amenazar públicamente con "bloquear" o "escrachar" a las empresas privatizadas que no se suman "al proyecto del Presidente Kirchner", claramente ha llegado a su fin. Llegará un momento que no habrá margen para la acción de la retórica.
Y todo indica que ese momento es ahora.
Por estos momentos, la crisis de la energía se enfrenta a la última línea de defensa del gobierno, y éste se ha visto en la necesidad de movilizarlo todo para que las estaciones de GNC continúen llenando los tubos de gas de los automóviles de los ciudadanos.
Pero las estaciones de gas natural comprimido se están quedando sin reservas, y los titulares de algunas de ellas ya anunciaron que el precio del cm3 de gas natural podrá pasar rápidamente de 50 centavos a $1, no sólo por la escasez y la falta de entregas, sino también porque el precio de gas "a boca de pozo" será liberado próximamente y esto empujará los precios hacia arriba.
De tal suerte que la estrategia del Presidente Kirchner para cortar el servicio a las empresas primero, y a los ciudadanos luego -para que esto no repercuta en su imagen pública-, sólo habrá logrado ganar tiempo. Los cortes de gas muy probablemente llegarán a nuestra puerta con la fuerza de un vendaval.
La opinión pública argentina tiene características muy especiales, ya que pasa de ser predecible a impredecible en un santiamén.
Así se ha comprobado en la época de las elecciones presidenciales, cuando los medios lograron lo que en los años 90 era imposible : que la gente de la calle, en su mayoría, despotricara contra Menem y la "mentira" de la fiesta menemista y la convertibilidad.
Por estos días, la imagen positiva del Presidente está por las nubes, para algunos, y está "virtualmente comprada" para otros.
Hoy mismo no caben dudas de que esa popularidad continúa siendo elevada y, más que tener la certeza de que el gobierno del Presidente Kirchner está solucionando los problemas, hay la percepción de que "se debe tener fe" y dar más tiempo a su Administración.
La espada de Damocles de la crisis de la energía hoy pende sobre el gobierno más que nunca. Y el Presidente conoce a la perfección esa mala costumbre de la opinión pública de endiosar y demonizar en un santiamén. Tal vez sea esta la razón por la cual ha decidido sumarse a las plegarias por un invierno "cálido", viajando al Vaticano...