Uruguay, sin Mundial de Alemania
Desde finalizado el primer partido con los australianos, en Uruguay se sabía muy bien que la diferencia obtenida en Montevideo era escasa. A los australianos les bastó con un gol solitario a los 34 minutos del primer tiempo para empatar la serie. Luego, pasaron por arriba a los orientales en la serie de tiros desde el punto penal.
Miércoles, 21 de Julio de 2010
Fue justo, pues Uruguay sólo tuvo dominio del partido en gran parte del primer tiempo, aunque sin demostrar profundidad.
Los más de 80 mil espectadores que asistieron al estadio Teltra de Sydney fueron testigos de un segundo tiempo con una Australia arrasadora, que vapuleaba a un Uruguay sin ideas. El equipo visitante sólo atinó a enviar centros hacia el área de los "Socceroos", pocos de ellos con éxito.
A pesar del incipiente dominio uruguayo de la etapa inicial, los australianos abrieron el marcador a los 35 minutos con un fulminante tiro a quemarropa de Marco Bresciano. El balón había caído en sus pies por casualidad, luego de una pifiada del ídolo canguro Mark Viduka.
Uruguay jamás respondió. Sin Forlán, Montero -quien luego saldría lesionado-, y sin Recoba -autor de las más peligrosas jugadas para la Celeste e incorrectamente removido de la cancha por Fossati-, los orientales la sacaron barata con el 0-1.
Porque los australianos los barrieron de la cancha en todo el segundo tiempo. Carini se convirtió en el héroe de un equipo que de ningún modo tenía el "derecho divino" de ir al Mundial, salvando la caída de su valla reiteradas veces.
Tal vez por allí haya pasado el error uruguayo : en confiar demasiado en la camiseta. Pero Fossati nunca entendió la dinámica del fútbol de los canguros, de tono marcadamente británico -aunque con menor calidad técnica-, pero veloz y de gran despliegue físico.
El fútbol de hoy es, justamente, más cerebro que músculo. Los uruguayos viajaron improvisadamente a Australia, con escalas y con una pobre preparación física y poco descanso.
Fossati jamás pensó que se llegaría al alargue. Su característica humildad se convirtió poco a poco, en soberbia y dio por sentado que las polémicas declaraciones de Recoba al respecto del "derecho divino" de Uruguay eran certeras.
La explicación para el triunfo australiano -que difícilmente se hubiera dado si hubieran tenido que marcar más de un gol-, viene por el lado del notable resto físico que demostró el equipo local, y porque en Montevideo habían llevado a cabo una titánica tarea, al no perder por más de un gol de diferencia.
Jorge Fossati ahora tendrá que dar las explicaciones del caso, en especial los motivos por los que sacó a Recoba del partido. El Chino también hubiera sido importantísimo en los penales que los orientales malograron minutos después.
Una pena, porque el trabajo que el Uruguay había hecho durante las eliminatorias fue una labor de hormiga : prolijo y de menor a mayor. De paladear una eliminación prematura, terminó sacando de la galera una convicción pocas veces vista en un seleccionado. El país volvía a creer, y también los jugadores "europeos", que comenzaban lentamente a demostrar su interés en ser convocados para jugar.
Una lástima haber desperdiciado todo aquello en las patadas, golpes de puño y el pobrísimo manejo de pelota demostrado en este último partido.
Para Australia, será la segunda presencia en un Mundial -antes habían estado en el Mundial de 1974-. La próxima eliminatoria la disputarán con los asiáticos y no en Oceanía.
Una nota aparte merece la pálida tarea del árbitro español, Medina Catalejo, que es esforzó para frenar hasta el hartazgo las jugadas múltiples de ataque de los australianos, con faltas y offsides inexistentes. Extrañamente, la federación australiana no vetó su convocatoria, a pesar de la cercanía cultural del árbitro con los rivales uruguayos. El partido daba más para el arbitraje por parte de algún europeo -italiano o alemán-. Para el caso, que dirigiera un inglés hubiera sido lo mismo, pero en ese caso Uruguay hubiera puesto el grito en el cielo.
Al festejo de canguros, koalas y ornitorrincos habrá que sumarle el de chilenos y colombianos, deseosos de presenciar un fracaso uruguayo, equipo al que al día de hoy no dejan de acusar de haber "arreglado" con Argentina. Acusaciones que recuerdan a reminiscencias de la mediocridad.
Pero el festejo del mal ajeno les saldrá a todos como tiro por la culata, pues la FIFA determinará, casi con seguridad, la eliminación de una de las plazas para Sudamérica para los próximos mundiales. Y es que 5 plazas es demasiado, para el paupérrimo nivel que han demostrado todos los equipos de la región, desde el cuarto clasificado para abajo. ¿Por qué razón debe manternerse el criterio de seguir "mimando" a los sudamericanos haciéndoles todo tan fácil?
"Sepp" Blatter, titular de ese cartel internacional mafioso denominado FIFA -negocio del que también es parte el padrino local, Julio Grondona-, ya cuenta con los argumentos necesarios, luego de ver el pobre juego uruguayo.
Pero el baile no termina ahí, pues la noticia es que equipos como la Argentina corren el riesgo de no ser cabezas de serie en este Mundial de Alemania. Sería un castigo justo para un país que todavía insiste por idolatrar a consumidores de cocaína y que amaga con premiarlos algún día con puestos de director técnico o asesorías varias.
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Los equipos
Australia: Mark Schwarzer; Lucas Neill, Tony Vidmar, Tony Popovic (Harry Kewell, 31), Scott Chipperfield; Brett Emerton (Josip Skoko, 110), Vincenzo Grella, Tim Cahill, Marco Bresciano (John Aloisi, 97); Jason Culina y Mark Viduka. DT: Guus Hiddink.
Uruguay: Fabián Carini; Diego Lugano, Paolo Montero (Marcelo Sosa, 81), Pablo García, Darío Rodríguez; Gustavo Varela, Guillermo Rodríguez, Carlos Diogo, Alvaro Recoba (Marcelo Zalayeta, 72); Mario Regueiro (Fabián Estoyanoff, 95) y Richard Morales. DT: Jorge Fossati.
Arbitro: Luis Medina Cantalejo (España).