Sobre los altos costos de un liderazgo frágil en el Reino Unido
La libertad, la aspiración al progreso y la propseridad son valores que tanto los Estados Unidos...
La libertad, la aspiración al progreso y la propseridad son valores que tanto los Estados Unidos de América como el Reino Unido otrora defendían en tándem -esto es, los principios que definen la relación especial entre ambas naciones. Ahora, sin embargo, ese vínculo se halla comprometido. ¿Cuáles son los motivos?
Hace poco, esta cuestión fue tema de tratamiento en el think tank The Heritage Foundation -en Washington, D.C.-, en ocasión de celebrarse un evento a cargo de Suella Braverman, Consejera de Su Majestad y miembro del parlamento británico.
Braverman advirtió que las más recientes medidas del gobierno laborista podrían significar un duro golpe para la reputació nde su país y para la fortaleza de la alianza británico-estadounidense.
Las acciones tomadas por el primer ministro Keir Starmer han dejado a los Estados Unidos en una posición precaria. Ambas gestiones se enfrentan, ahora mismo, al dilema de los riesgos de la seguridad -en razón de que el Reino Unido se ha arrodillado ante la Corte Internacional de Justicia, traicionando los acuerdos en pos de la seguridad colectiva en las Islas Chagos.
Las Chagos integran un archipiélago situado al oriente de la costa de Madagascar, en la periferia de Islas Mauricio. La isla más prominente del archipiélago, Diego Garcia, ha sido anfitriona para una base militar conjunta desde los años sesenta, fungiendo como destacamento estratégico para operaciones defensivas y de inteligencia de Occidente. La base contribuyó significativamente a los esfuerzos estadounidenses en la Guerra contra el Terrorismo, y fue empleada también para desplegar ataques aéreos. Hoy día, la isla presenta notorias ventajas, al considerarse el combate contra la influencia de la República Popular China en el Océano Indico.
Sin embargo, y a pesar de su remarcable importancia estratégica, el gobierno laborista de Starmer ha elegido resignar la soberanía británica sobre Chagos a Islas Mauricio -decisión anti-estratégica que compromete a la ya declinante influencia global de la Gran Bretaña.
La decisión de referencia surgió como resultado de una consulta de opinión no vinculante -fechada en 2019-, emitida por la Corte Internacional de Justicia, un cuerpo judicial de Naciones Unidas. Esa resolución determinó que la retención británica de Chagos era ilegal, y aconsejó retornar la soberanía a Islas Mauricio.
Y la palabra clave aquí es 'No vinculante' -como su definición lo indica. Con todo, Starmer decidió tratarla como tal, cediendo el control de un notorio enclave territorial de ultramar, sin considerar siquiera los efectos que ello comportará para la relación especial británico-estadounidense, o para las garantías de estabilidad en el cuadrante Indo-Pacífico.
Lo que acaso resulta más cruento sobre la mencionada decisión es que Mauricio jamás tuvo control sobre las Islas Chagos. El archipiélago se hallaba por completo deshabitado hasta que exploradores portugueses comenzaron con la importación de esclavos en el siglo XVI. Debido a su estratégica locación geográfica, las islas fueron codiciadas por numerosos imperios europeos.
Cuando, en 1814, el Imperio Británico le arrebató las islas a Francia, Chagos se gobernaban como una dependencia, y no como una porción intrínseca de Mauricio. Y, aún cuando Mauricio se abrazó a su independencia en 1968, Chagos fue retenida deliberadamente por la Gran Bretaña para propósitos de índole militar -bajo un acuerdo cristalino y en su momento celebrado por ambas partes.
La cesión de control sugiere un claro fallo a manos del Reino Unido a la hora de mantener su fortaleza, cediendo Londres a las maniobras de “lawfare” de Mauricio, cuyos intereses han manipulado la narrativa internacional para hacerse del contralor de las codiciadas islas. Ello, sin mencionar la cobardía de Starmer, quien decidió apurar el proceso para ahorrarse el inevitable veto a manos del presidente estadounidense Donald Trump.
Braverman fue clara al respecto de los peligros de esta maniobra.
“Hay que poner fin a este acuerdo,” urgió la legisladora. “El laborismo está traicionando al Reino Unido, y traiciona a los Estados Unidos de América”.
Y a Braverman le asiste la razón: no se trata aquí de un arrepentimiento británico tras su comportamiento colonial pretérito. Antes, bien; la cuestión de fondo se vincula a aspectos de seguridad nacional, con serias implicancias para los aliados del Reino Unido.
Aún cuando Navin Ramgoolam, primer ministro de Mauricio, ha advertido que los temores en torno a la influencia china en las Chagos son “por completo infundados”, el funcionario insiste en lanzar elogios hacia China. Hasta octubre pasado, Mauricio registró 47 iniciativas de desarrollo impulsadas por Pekín.
De lograr China asegurarse el poner un pie en las Chagos, se hará acreedora a una importantísima ventaja en el Océano Indico -obviamente, una ruta vital para el comercio marítimo mundial. De igual modo, Teherán ha mantenido conversaciones bilaterales con Islas Mauricio, a efectos de potenciar su lobby con miras a instalar campus universitarios en el territorio (procedimiento que suele seguir al despliegue de espías).
Ambos escenarios volverían vulnerable a la base militar presente en Diego García. Toda operación de inteligencia, de despliegues navales y de disuasión estratégica en el Indo-Pacífico se verían en jaque, a partir de la presencia de dispositivos de monitoreo chinos y/o iraníes.
Estos temores no serían tema de conversación ahora mismo, si la Gran Bretaña contara con un liderazgo político sólido.
Bajo Starmer, la Gran Bretaña ha abandonado su rol como potencia de proyección global, subordinando sus intereses nacionales y, por lo tanto, los intereses de Occidente.
Braverman ha hecho sonar las alarmas frente a la recurrente erosión de las libertades individuales y colectivas en el Reino Unido bajo el laborismo. Y, tal como ella misma lo señalara también, se trata del mismo enfoque de gobierno que ha llevado al aumento del delito, a la inmigración masiva -sin registrarse asimilación cultural-, y al retroceso cultural en todo orden en el Reino Unido.
Los Estados Unidos de América no pueden asistir pasivos a este desarrollo. Si Londres cede definitivamente Chagos a Islas Mauricio, ello rematará en un novedoso capítulo de autosabotaje en Occidente. La Administración Biden, lógicamente, no tuvo problemas con esto. Cabe esperar que la nueva Administracion americana sí los tendrá.
La libertad, y la libertad para perseguir el progreso, ya no son valores que el Reino Unido resguarde. La traición de Starmer sobreviene en la instancia más desafortunada. Occidente se encuentra hoy bajo ataque; la tradición y el poderío del mundo angloparlante se exhiben en retroceso; y debemos hacer frente a un creciente bloque de Estados nutridos por una fuerte antipatía hacia nuestras dos naciones.
Un liderazgo frágil no solo es políticamente vergonzante; en simultáneo, alimenta preocupaciones legístimas en materia de la seguridad nacional.
Artículo original, en inglés
Anna Gustafson es colaboradora frecuente en el sitio web estadounidense The Daily Signal. Por su parte, Wilson Beaver es consultor sobre políticas para presupuestos dedicados a la Defensa, en el Centro Allison para la Seguridad Nacional en el think tank The Heritage Foundation, en Washington, D.C.